Ser verdaderos creadores
Reclinar la cabeza en su regazo
Una Madre fuerte
Tocando con la punta
de mis dedos la túnica de Cristo
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Tocando con la punta de mis dedos la túnica de Cristo
"Recuerdo que me sentaba en la ventana de la salita
de costura de la vieja casa, y contemplaba durante largo rato los cerros
del otro lado del río, las casas de los inquilinos, los árboles
movidos por el viento - ese viento persistente y fuerte de Santa Adela,
que estremece constantemente la casa -, o la salida de la luna por sobre
los cerros, hacia el nor-oriente, o bien me embelesaba escuchando el rumor
del río que corre entre las rocas. (...).
"Hay algo allí, en la grandeza de las montañas desnudas,
talladas con violencia en roca y arena; en lo imponente de esas quebradas
desiertas, que se ven internarse por los cerros hacia arriba, hasta que
la vista se pierde en ellos" (...), "hay algo en todo eso que
me fascina, me llena totalmente en todos mis anhelos. Sobre todo, la sensación
de pequeñez y de ser criatura impotente que me asalta ante la magnitud
y magnificencia de esa naturaleza desierta y sobria en su extrema desnudez,
me sobrecoge y me hace de inmediato comprender la presencia de Dios; cuando
estoy allí, camino en su presencia, voy encontrándole en
cada mirada a mi alrededor, en el perfil inmenso de las montañas,
en las rocas que parecen haber sido colocadas una a una por sus manos,
en la perfecta y estilizada figura de los quiscos erizados del desierto,
en las florcitas minúsculas que se abren paso al amparo de las
piedras, cubiertas de polvo, en el viento que sopla a la caída
del sol con tanta fuerza que casi derrite al jinete desde su montura ...
. Madrecita, allí verdaderamente he tocado a Dios, con la punta
de mis dedos he cogido la orla de la túnica de Cristo". (28.12.1956).
Este texto es como el descanso del apóstol predilecto junto al
pecho del creador. Pensamientos para meditar y gozar y no tanto para ser
comentados.
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